Un día como hoy #4

Día para escribirte a ti, ave migrante,
que migras largas distancias,
que migras buscando alimento para ti y los tuyos,
que migras buscando un lugar para permanecer y reproducirte,
que migras buscando mejores tiempos,
que migras buscando vivir.
Hoy, Día Mundial de las Aves Migratorias.

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A ti

Sueño contigo,
me despierto,
aún todo está oscuro
y te pienso.

Te escribo con mi mente,
borro con mi mente,
imagino qué decirte,
sueño despierta,
y te sigo pensando.

Me doy media vuelta,
trato de conciliar el sueño,
pero no puedo,
te estoy pensando.

Te escribo con mi mente,
borro con mi mente,
pienso saber qué decirte,
sonrío, suspiro,
y te sigo pensando.

Casi amanece
y dormir no me dejas,
me levanto,
papel y lápiz cojo
y, finalmente,
te escribo,
con mis manos,

A ti.


Cuando leer es una medicina

Hace unos días leí un artículo sobre la “biblioterapia”, una técnica auxiliar en la psicoterapia y en los grupos de auto-ayuda, cuyos efectos positivos han sido demostrados.

Supe que el término fue acuñado por S. Crothers en 1916, pero lo que más llamó mi atención ha sido la idea de que la literatura pueda ser una medicina para el alma. Es más, al parecer es una medicina tan antigua como el ser humano.

De lo que se trata es de escoger aquella literatura susceptible de crear una especial resonancia en nosotros, quizás una conexión con el problema que estamos viviendo.

Y es que la lectura tiende a mejorar nuestro grado de comprensión no solo de nosotros mismos sino también de los demás (reales o virtuales): como afirma Keith Oatley, escritor y psicólogo “sumergirse en los mundos imaginarios de la narrativa refuerza la empatía y mejora la capacidad de asumir un punto de vista diferente al nuestro”[1].

Quizás por eso es que leyendo reímos o lloramos, nos angustiamos o relajamos, vivimos aventuras e historias de vida y destinos sorprendentes. La verdad es que siento que la lectura nos hace personas más ingeniosas, pone en marcha nuestro cerebro, reduce nuestro estrés, promueve nuestras competencias sociales y mejora nuestra escritura. Pienso que la lectura puede cambiarnos, puede modificar nuestro modo de ver y entender el mundo, de allí la importancia de saber escoger lo que leemos.

Cierto, a menudo nuestras jornadas están llenas de un montón de compromisos y cosas por hacer, con lo cual no tenemos el tiempo que quisiéramos para leer: estamos ocupados, cansados y estresados. A veces leemos a trozos, pero sin estar verdaderamente concentrados. Así que les dejo unos consejos que leí, a ver cómo nos va:

-Tomémonos el tiempo. ¿por qué no señalar en nuestra agenda una hora dedicada a la lectura?

-Acerquémonos a nuestro libro preferido sin prisas y relajémonos, y ¿por qué no?, combinémoslo con un pequeño aperitivo.

-Apaguemos el celular, el portátil y la tele.

-Leamos con consciencia, reflexionemos sobre lo que hemos leído y apuntémonos las frases más bellas.

En fin, si bien estamos distraídos por una cantidad incesante de estímulos diversos, aprovechemos nuestras capacidades para comprender que la literatura, la lectura, poseen un indispensable valor educativo, formativo y también curativo.

Leer, entender y escribir, cura.

[1] Dal Farra, M. (2017, Febrero 24). “La cura pre-scritta”. Ticino 7, 8, p. 9.