Compartiendo alegría…

#citadelasemana

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Amigos…

Esta semana me llegó un poema maravilloso de parte de una persona a quien estimo mucho, es Mi Amigo. Lo comparto con ustedes, tal vez les guste y sientan lo mismo. El autor del poema es el escritor y poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935).

“Mis amigos son todos así, mitad locura, otra mitad santidad. No los escojo por la piel sino por la pupila, que ha de tener un brillo cuestionador y una tonalidad inquietante.

Escojo a mis amigos por la cara lavada y el alma expuesta. No quiero sólo el hombro o el regazo, quiero también su mayor alegría. El amigo que no sabe reír conmigo, no sabe sufrir conmigo.

Mis amigos son todos así: mitad bromas, mitad seriedad. No quiero risas previsibles, ni llantos piadosos. Quiero amigos serios de esos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje, pero que luchan para que la fantasía no desaparezca.

No quiero amigos adultos ni comunes. Los quiero mitad infancia y mitad vejez. Niños para que no se olviden del valor del viento en el rostro, y ancianos para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber mejor quién soy yo, pues viéndolos locos bromistas y serios niños y ancianos nunca me olvidaré de que la normalidad es una ilusión estéril.”

Así también son Mis Amigos ¿y los tuyos?

¡Buen fin de semana!😊


Para qué disturbar al Silencio…

Islas - GIFMANIA

From www.gifanimados.com

“Antes de hablar pregúntate si lo que vas a decir es verdad, si no daña a nadie, si es útil, en fin, si vale la pena perturbar el silencio con lo que quieres decir.”
-Buda.


¿Tenemos súper poderes?

Hay quien piensa que en un futuro podrá conectarse a un ordenador para garantizarse una mejor memoria y potencia de cálculo. Me parece que lo llaman conexión cerebro-ordenador, una especie de fusión de inteligencia humana con aquella artificial. Quizás ello ocurra en algún momento. Y me pregunto: -Serán nuevos súper poderes, ¿no? Porque súper poderes, ya tenemos.

Y es que los seres humanos tenemos hoy en día muchos súper poderes de los cuales no nos damos cuenta, porque nos olvidamos practicarlos. Son poderes desarrollados y perfeccionados en millones de años de evolución. Uno de ellos, es la empatía. Esa capacidad de probar las emociones de quienes tenemos cerca, pero también de quienes están muy lejos, de conocidos y desconocidos. La empatía es el súper poder que nos hace superar el egocentrismo, el dejarnos de ver nuestro propio ombligo y construir relaciones sociales satisfactorias.

Además, la empatía es un súper poder que no está determinado solo por los genes, sino que se puede aprender a desarrollar. Así que desde muy pequeñitos podemos desarrollar nuestra empatía con la ayuda de nuestros padres, nuestros cuidadores, quienes sientan empatía. Incluso, una cosa maravillosa es que siendo ancianos aún podemos desarrollar esta capacidad. No existe edad para ser empáticos.

Porque súper poderes tenemos los seres humanos. Tal vez estén dormidos, quizás estén cogiendo polvo. Solo es cuestión de despertarlos, limpiarlos…


Ella

Regreso a casa después de una mañana de trabajo.  En mi mente está la satisfacción de la mañana transcurrida y la lista de la compra para ese día. Casi estoy por llegar al supermercado más cercano a casa, cruzo el paso de cebra atontada con mis pensamientos, repasando nuevamente lo que tengo que comprar, y de repente, me encuentro con Ella.

Ella, es una señora de 83 años, no sé su nombre. No se lo pregunté. ¿Por qué? No lo sé. Ella estaba allí, un poco antes del paso de cebra, pero del otro lado de la calle, muy cerca del supermercado. Ella buscaba donde apoyarse con sus manos. A su lado había macetas de arbustos, pero eran muy bajas para Ella.

Yo que venía y Ella me encontró (la verdad es que creo que fui yo quien la encontró, a Ella). Con algunas señas me dijo que la ayudase un poco, al menos, a cruzar la calle (el paso de cebra). Sin duda le dije: -Claro ¡faltaría más!. Me di cuenta que llevaba dos bolsas de mercado y le dije: -Si quiere se las llevo. Ella me contestó sin titubear:  -Puedo llevarlas, lo único que necesito es cruzar la calle. Y cruzamos la calle lentamente, mientras me decía que teníamos que tener cuidado porque había gente gentil y otra que no lo era tanto. Yo la escuchaba con atención y disfrutaba de cruzar ese paso de cebra tan lentamente. Hubiese estado sola me hubiesen echado los coches encima. Pero allí estaba, junto a Ella, una estrella en pleno día.

Cruzamos la calle. Ella estaba exhausta, pero no se rendía. -¿Tienes prisa?, me preguntó. -No, para nada, le contesté, y agregué: -¿Vive cerca de acá? -Si, respondió Ella. -Entonces la acompaño, le dije sin titubear. En el camino, Ella decidió darme las bolsas y me preguntó si no me importaba llevarlas. Le contesté: no hay problema, ya se lo he ofrecido.

Caminamos juntas, Ella y yo, a paso lento y por un buen rato. Ella me contó cosas de su vida. Yo le conté cosas de la mía. Quizás no la vuelva a ver. Ha sido un placer encontrarla.

Gracias Ella.