La belleza de las mariposas

Hace unos días que el cielo volvió a tornarse azul, después de un temporal de lluvia y viento que vino acompañado con un espectáculo de luces y sonidos. Las flores tienen un perfume penetrante, sorprendente, especialmente los jazmines. Las hortensias también están floreciendo y regalándonos sus bellos colores y perfumes como otras tantas especies. El verde de los árboles, arbustos, prados, etc., son tan diversos y brillantes, que superan la escala de colores verdes que conocía. ¡Cuánta belleza, inmensidad que sorprende y agradezco!

Continúo mirando a mi alrededor y me doy cuenta que hay una especie que tengo tiempo que no veo y echo en falta, son las mariposas. Recuerdo que cuando era niña había muchas, bellas, coloridas, de diversos tamaños, una distinta a la otra. Mi hermana y yo las perseguíamos, corríamos detrás de ellas, queríamos tocarlas, jugar con ellas. Ocurría en los jardines del cole, en los prados del cementerio donde íbamos a limpiar y dejar flores hermosas para nuestros difuntos, en los parques de aire puro y libertad.

También recuerdo las mariposas marrones y negras, esas inmensas que permanecían inmóviles en plena mañana en un lugar oscuro, húmedo, frío, misterioso. No eran tan coloridas y agraciadas como las diurnas, a decir verdad, me daban miedo, y cómo no si había otros niños y adultos que decían que eran de mal augurio.

Tal parece que las mariposas existen desde hace al menos 50 millones de años y se estima que hay más de 150.000 especies de ellas distribuidas por todo el mundo, sin embargo, desde la década de los noventa del siglo pasado vienen disminuyendo en número, entre otras cuestiones, por el abandono de las praderas.

Y es que la agricultura intensiva (fertilizantes, sobrepastoreo, el uso del fuego para limpiar el monte y ampliar las zonas de pasto) no les va bien a las mariposas, como tampoco les viene bien el abandono de las tierras. Una agricultura sostenible, sería su gran aliada.

¿Qué hacer?, ¿Cómo revertir la situación? Hay quienes dicen que, con una política nacional, regional, mundial, donde trabajen en equipo expertos y administraciones, ONGs relacionadas con el medio ambiente, que dispongan de los medios financieros para vigilar mejor las especies amenazadas aplicando medidas efectivas para su conservación, será un buen inicio y una garantía.

Yo no soy experta, ni administrativa, soy una ciudadana y un ser humano. Así que intento no preocuparme, sino ocuparme. A las mariposas, quiero verlas más, tanto las diurnas como nocturnas. Y sabes por qué. Pues porque no solo se trata del placer que da admirarlas sino también por el hecho de reconocer el importante rol que tienen estos pequeños insectos como indicadores naturales del estado de salud de nuestro ecosistema. Ellas, además de favorecer la polinización (sí hay flores que se abren en la mañana, al igual que hay otras que se abren en el atardecer, anochecer y amanecer), también nos ayudan en el control natural de plagas, nos ayudan a explicar a niños y adultos el ciclo de la vida, nos ayudan a comprender la dinámica de las poblaciones, nos inspiran a escribir obras literarias, poéticas, líricas, fotográficas, hasta entradas de blog, en fin, nos gustan y las necesitamos en nuestro ecosistema y vida.

Así que me estoy informando sobre un par de plantas que atraen a las mariposas, las protegen, y no solo a ellas sino también a otros insectos como las abejas, importantísimas también en la polinización de las flores y la producción de frutos y semillas, o sea, alimentos. Se trata de plantas que se pueden tener en un pequeño jardín, incluso, a algunas les basta un pequeño espacio iluminado y fresco en un balcón o dentro de casa.

From pixabay.com
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La primera, la preferida por antonomasia es la budleja, su néctar apasiona a las mariposas y su perfume a los humanos. Le encanta el sol, se adapta fácilmente, es resistente, poco exigente y florece en verano. El detallito es que puede alcanzar los 2-3 metros de altura, así que su destino es un jardín.

From pixabay.com
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Pero no hay cabida para el desánimo porque si no se tiene un jardín otra planta que les encanta a las mariposas es la lavándula, mejor conocida como lavanda con su color púrpura hermoso y perfume fresco, limpio. A esta planta le gusta mucho el sol y poco el agua, florece en primavera y puede crecer hasta una altura de 70 centímetros por lo que se puede tener perfectamente en una maceta dentro de  casa. Lo importante es que reciba bastante iluminación y aire fresco.

From pixabay.com
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También el sedum atrae a las mariposas, con sus flores en forma de estrellas y de distintos tamaños. Requiere una gran cantidad de luz en todas las estaciones del año, pero no una exposición directa al sol, de modo que se puede tener igualmente en una maceta dentro de casa, eso sí muy cerquita a la ventana, porque le gusta la brisa y el aire fresco.

Éstas son tan solo tres de las muchas plantas que, me estoy enterando, les gusta a las mariposas. Como les dije, apenas comienzo a crear mi propio jardín para atraerlas.

Y tú ¿te animas?

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