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La honestidad de desconocidos

Me sorprende leer buenas noticias en los diarios y redes sociales. Por eso cuando me encuentro con una no puedo dejar de leerla y pensar con optimismo.

Hace unos días me topé con una de ellas, era el caso de una señora que había perdido sin darse cuenta su monedero que contenía no solo dinero sino también sus documentos de identidad y tarjetas de crédito. Fue después de recibir una llamada telefónica cuando esta señora cayó en cuenta que había perdido su billetera. Al otro lado de la línea le hablaba una voz masculina que se ofreció a encontrarla lo antes posible para restituirle lo perdido.

Llega el momento del encuentro. Él una persona extranjera, cordial y que, antes de todo, se escusa por haber tenido que revisar la billetera para poder dar con su propietario. Él rechaza el dinero que la señora le ofrece para compensarlo y acepta tomar algo juntos.

Es una historia verídica que, pese a lo que se suele creer, ocurre con frecuencia. Casos en que dejamos la cartera o el móvil encima del coche y arrancamos para inmediatamente detenernos y darnos cuenta que hay gente tratando de coger lo que ha salido disparado y devolvértelo. Casos en que dejamos la bolsa de la compra en la librería o tus apuntes de la tesis sobre una caja registradora o tu tarjeta de débito en el cajero automático y corre alguien detrás de ti para restituirte lo que sabe que es tuyo.

Son situaciones que nos ayudan a tener confianza en los demás, independientemente del lugar que vengan y que deberían llenarnos de optimismo porque quiere decir que las personas gentiles, buenas, honestas y decentes todavía existen.

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Cuando la lluvia y el amor nos sorprende…

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“El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.”

-William Shakespeare (1564-1616). Dramaturgo, poeta y actor inglés.


By gonmaye.com

Escapada con detox digital

Días de sol, color, energía.
Necesito el agua, no solo dulce sino también salada.
Así que no pierdo tiempo, me pongo en acción,
como de costumbre, pero en otra dirección.

¿Dónde puedo ir por un fin de semana?
Busco por internet, claro está,
muchísimas páginas con sugerencias me aparecen.

Me gustaría algo sencillo, limpio, familiar y cerca del agua, salada.
Todo parece estar a tope.
El sistema electrónico arroja que es la temporada más alta de la historia.
Todos los hoteles están reservados.
Solo quedan un par de Bed and Breakfast (B&B).
Con buenos comentarios y WiFi privado incluido.

Excelente, pensé.
Pensé que me bastaría la Internet a primera hora y al final del día.
Pensé que me daría flexibilidad para controlar mis redes.
Pensé que podría relajarme el resto de la jornada.

Lo que sucedió en realidad es que, cuando llegué al lugar, era tan bello, desconocido, que solo pensaba en recorrerlo, sentirlo, probarlo, conocerlo…
Tanto que me olvidé de pedirle el password del WiFi a la señora del B&B.
A ella, por fortuna, parece que también se le olvidó dármelo.
A ella, no la vi más sino hasta mi partida.

Así que, sí pasé un fin de semana singular, caminando, observando, tocando, oliendo, comiendo, descubriendo, acariciando, amando.
Un gran fin de semana de détox digital.

 


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Un día como hoy #6

Día para escribirte a ti,
estrella de luz y calor,
tan anciana en años, pero tan joven en vida, energía.

A ti que te gusta bailar dando vueltas sin parar,
que logras hacer girar a los demás a tu alrededor,
que posees un poder de atracción sinigual,
que despiertas tanta curiosidad,
que logras sustentar a casi todas las formas de vida en la Tierra.

A ti bola esférica casi perfecta,
que no pasas desapercibida
porque no verte o sentirte es imposible.

A ti mi Sol, nuestro Sol.
En tu día.


El arte de hacer parrilladas

Con el buen tiempo llegan las ganas de hacer parrilladas con los amigos, parientes y vecinos, todo un arte porque cocinar carnes, pescados, mariscos, verduras, quesos, tofú, panes, etc., sobre una parrilla (rejilla) al aire libre teniendo que regular a ojo la temperatura de los carbones ardientes no es nada fácil.

Claro, ahora existen las parrillas y barbacoas (éstas últimas con tapas) a gas y eléctricas (con calor indirecto, circular, etc.), muchas más prácticas de utilizar, no solo porque la temperatura se regula fácilmente, sino porque también son menos trabajosas que las de carbón a la hora de limpiar.

Pero, aun así, yo prefiero la parrillera tradicional, esa de toda la vida con el carbón cuyo aroma del humo de las brasas es sinigual y le añade un toque de sabor delicioso a los alimentos, ideal para vegetarianos, veganos y flexitarianos como yo que disfrutamos comernos tanto una ensalada o sopa fría bien fresquita, con todo crudo (sobre todo en esta época del año), así como una buena carne a las brasas.

Y es que, si algo maravilloso tienen las parrilladas, es que son sinónimo de sociabilidad. Son un arte que incluye no solo la pasión por la cocina, el fuego, el aire libre, sino también la disposición a colaborar, participar, trabajar en equipo.

Para mí la comida hecha a la parrilla es un deleite, al igual que los aromas que desprenden las brasas, y más placentero y ameno es tener con quien compartirla con alegría, con la alegría de vivir.

Y a ti ¿te gustan las parrilladas?


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La belleza de las mariposas

Hace unos días que el cielo volvió a tornarse azul, después de un temporal de lluvia y viento que vino acompañado con un espectáculo de luces y sonidos. Las flores tienen un perfume penetrante, sorprendente, especialmente los jazmines. Las hortensias también están floreciendo y regalándonos sus bellos colores y perfumes como otras tantas especies. El verde de los árboles, arbustos, prados, etc., son tan diversos y brillantes, que superan la escala de colores verdes que conocía. ¡Cuánta belleza, inmensidad que sorprende y agradezco!

Continúo mirando a mi alrededor y me doy cuenta que hay una especie que tengo tiempo que no veo y echo en falta, son las mariposas. Recuerdo que cuando era niña había muchas, bellas, coloridas, de diversos tamaños, una distinta a la otra. Mi hermana y yo las perseguíamos, corríamos detrás de ellas, queríamos tocarlas, jugar con ellas. Ocurría en los jardines del cole, en los prados del cementerio donde íbamos a limpiar y dejar flores hermosas para nuestros difuntos, en los parques de aire puro y libertad.

También recuerdo las mariposas marrones y negras, esas inmensas que permanecían inmóviles en plena mañana en un lugar oscuro, húmedo, frío, misterioso. No eran tan coloridas y agraciadas como las diurnas, a decir verdad, me daban miedo, y cómo no si había otros niños y adultos que decían que eran de mal augurio.

Tal parece que las mariposas existen desde hace al menos 50 millones de años y se estima que hay más de 150.000 especies de ellas distribuidas por todo el mundo, sin embargo, desde la década de los noventa del siglo pasado vienen disminuyendo en número, entre otras cuestiones, por el abandono de las praderas.

Y es que la agricultura intensiva (fertilizantes, sobrepastoreo, el uso del fuego para limpiar el monte y ampliar las zonas de pasto) no les va bien a las mariposas, como tampoco les viene bien el abandono de las tierras. Una agricultura sostenible, sería su gran aliada.

¿Qué hacer?, ¿Cómo revertir la situación? Hay quienes dicen que, con una política nacional, regional, mundial, donde trabajen en equipo expertos y administraciones, ONGs relacionadas con el medio ambiente, que dispongan de los medios financieros para vigilar mejor las especies amenazadas aplicando medidas efectivas para su conservación, será un buen inicio y una garantía.

Yo no soy experta, ni administrativa, soy una ciudadana y un ser humano. Así que intento no preocuparme, sino ocuparme. A las mariposas, quiero verlas más, tanto las diurnas como nocturnas. Y sabes por qué. Pues porque no solo se trata del placer que da admirarlas sino también por el hecho de reconocer el importante rol que tienen estos pequeños insectos como indicadores naturales del estado de salud de nuestro ecosistema. Ellas, además de favorecer la polinización (sí hay flores que se abren en la mañana, al igual que hay otras que se abren en el atardecer, anochecer y amanecer), también nos ayudan en el control natural de plagas, nos ayudan a explicar a niños y adultos el ciclo de la vida, nos ayudan a comprender la dinámica de las poblaciones, nos inspiran a escribir obras literarias, poéticas, líricas, fotográficas, hasta entradas de blog, en fin, nos gustan y las necesitamos en nuestro ecosistema y vida.

Así que me estoy informando sobre un par de plantas que atraen a las mariposas, las protegen, y no solo a ellas sino también a otros insectos como las abejas, importantísimas también en la polinización de las flores y la producción de frutos y semillas, o sea, alimentos. Se trata de plantas que se pueden tener en un pequeño jardín, incluso, a algunas les basta un pequeño espacio iluminado y fresco en un balcón o dentro de casa.

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La primera, la preferida por antonomasia es la budleja, su néctar apasiona a las mariposas y su perfume a los humanos. Le encanta el sol, se adapta fácilmente, es resistente, poco exigente y florece en verano. El detallito es que puede alcanzar los 2-3 metros de altura, así que su destino es un jardín.

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Pero no hay cabida para el desánimo porque si no se tiene un jardín otra planta que les encanta a las mariposas es la lavándula, mejor conocida como lavanda con su color púrpura hermoso y perfume fresco, limpio. A esta planta le gusta mucho el sol y poco el agua, florece en primavera y puede crecer hasta una altura de 70 centímetros por lo que se puede tener perfectamente en una maceta dentro de  casa. Lo importante es que reciba bastante iluminación y aire fresco.

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También el sedum atrae a las mariposas, con sus flores en forma de estrellas y de distintos tamaños. Requiere una gran cantidad de luz en todas las estaciones del año, pero no una exposición directa al sol, de modo que se puede tener igualmente en una maceta dentro de casa, eso sí muy cerquita a la ventana, porque le gusta la brisa y el aire fresco.

Éstas son tan solo tres de las muchas plantas que, me estoy enterando, les gusta a las mariposas. Como les dije, apenas comienzo a crear mi propio jardín para atraerlas.

Y tú ¿te animas?