Huevos y conejitos se visten de fiesta

Recuerdo que cuando era una niña siempre llegaba una época del año en la que no había panadería, pastelería, abasto o supermercado en la que no me encontrase con conejitos y huevos de chocolate de todos los tamaños.

Me llamaban mucho la atención, pues me parecía que estas lindas figuritas tenían más chocolate del que estaba acostumbrada a ver en una sola pieza, en realidad, ¡tenían más chocolate del que yo podía imaginar comer!

coniglietti
From http://www.1zoom.me

Pero allí estaban, los simpáticos conejitos de chocolate viéndome y pidiéndome que me los llevara a casa, mientras que los huevos de chocolate, no teniendo ojos, eran igual de tentadores. ¡Demasiado chocolate junto!

En casa, no teníamos la costumbre de decorar, pintar y esconder los huevos para luego buscarlos. Sí conocía compañeritos de escuela que lo hacían. ¡Y me parecía súper  divertido!

Recuerdo un día en casa de la abuela, que con mis tías empezamos a pintar huevos para celebrar la fiesta. No existía internet, así es que estábamos probando. Todas (niñas, mamás, tías y abuelas) dábamos ideas de cómo hacer para no perder el contenido del huevo (vital para comérnoslo), y de cómo dejar la cáscara casi intacta para luego decorarla.

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From http://tendenciasalaire.diariodelaltoaragon.es

Una de mis tías se encargó de romper con mucha precisión cada huevo en un extremo extrayendo su contenido que guardaba mi abuela en un pocillo para el revoltillo familiar o perico de la noche o el día siguiente.

Por supuesto, decorar y pintar después los huevos vacíos requería paciencia, prudencia, humildad, buen humor y pasión. Lo mismo que se necesitaba para esconderlos, buscarlos y encontrarlos.

Después de tantos años me he enterado que los huevos vestidos de fiesta están cocidos. Se decoran, pintan, se esconden y si los encuentras te los puedes comer. ¡Fácil y genial! ¿no?

Pero ¿qué tiene que ver el conejo con los huevos de Pascua? Existen muchos mitos, legendas, pero el que más me gusta es el de Katja Henkel: un conejo se enamora de una gallina. Cuando finalmente encuentra el coraje para declararle su amor, encuentra en el gallinero solo un huevo. Se lo lleva a casa, lo pinta y lo mete en la hierba de modo que la gallina pueda encontrarlo. Pero ella no regresa. Desde entonces el conejo casi enloquecido a causa de las penas de amor pinta y esconde desesperadamente en todo el mundo los huevos que encuentran los niños.

Buena Pascua 🐣

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