Entre Arepas y Crescentine

En estos días he descubierto que en la región de la Emilia-Romaña en Italia, particularmente en Bolonia y Módena, existe un tipo de pan conocido como crescentina o crescenta, y también como tigella.

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From canva.com

Se trata de un producto tradicional que se prepara con agua, harina de trigo y levadura de cerveza, dándosele una forma redonda. Hay quien también le agrega un poco de leche o nata, o aceite (de oliva o girasol) o simplemente manteca.

Una vez listas las crescentine o tigelle se comen acompañando los excelentes embutidos de la zona y otras latitudes: salchichas, mortadelas, culatello, jamón y pare usted de contar…todo acompañado de un vino frizzante, un Lambrusco. Lo mismo se hace con los ñoquis gigantes fritos (gnocchetto) famosos en la zona, cuya idea es comerlos recién hechos y rellenos con el embutido que se prefiera. Todo delicioso…

La preparación de las crescentine o tigelle me ha recordado la forma en que preparo una de las comidas que no falta en nuestra mesa el fin de semana: la Arepa. Ella solo requiere agua, harina de maíz (precocida), sal y un gustoso amasado. Así que es genial para los que están controlando la ingesta de gluten. Además, si te apetece puedes agregarle a la masa unas semillas de sésamo, chía, lino o linaza, hojuelas de avena o cualquier otro cereal que te guste.

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From canva.com

La Arepa una vez cocida (asada, al horno o frita) también la puedes rellenar de embutidos como se hace con las crescentine, pero también es deliciosa rellena de ensaladas, frijoles, pescados, carnes, quesos, etc. Se adapta a todo. Incluso, si la prefieres sin embutir va genial para acompañar sopas, barbacoas o parrillas, así como al estilo pan.

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From canva.com

Y para acompañar la Arepa, nada como un buen jugo o zumo natural: naranjas, parchitas o maracuyás, lechosas o papayas, patillas o sandías, piñas, etc., o un buen batido o mix de frutas (lo que ahora llaman smoothie). El “tres en uno” (remolacha, zanahoria y naranja), uno de los que más recuerdo ¡súper energético!

La Arepa es una comida amada y soñada por todos los que conocemos el placer de comernos una a cualquier hora. Hasta los niños la adoran.

Confieso que cada vez que me como una Arepa, suspiro y me pregunto cómo es posible que tanta gente no sepa de ella.

Y tú ¿la has probado?

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Un día como hoy #2

Día en que hizo su primer vuelo el Airbus A380,
el avión más grande del mundo,
el medio de transporte que recorre 14.800 kilómetros sin escalas,
a una velocidad de 900 km/h.

No sé mucho de aviones, solo sé que con cierta frecuencia vuelo.
Y doy gracias.
Doy gracias por uno de los numerosos y apreciados inventos de los últimos dos siglos que han enriquecido a la humanidad.

Porque sí, no solo han sido los aviones, sino también los ferrocarriles, los coches, las bicicletas, los teléfonos, los caminos pavimentados, las ciudades, los sistemas de distribución de agua potable (fría o caliente) directa del grifo, la radio y la televisión, las cocinas, neveras, lavadoras, marcapasos, la aspirina y los antibióticos, el escáner rayos X, el aire acondicionado, los microondas, fax, fotocopiadoras, micrófonos, ordenadores, discos compactos (CD), DVD, memorias USB, MP3, GPS,  internet, videófono, WI-FI, Google, Twitter, Facebook, los drones de carga, entre otros, algunos de las tantas invenciones de los seres humanos que han mejorado nuestra calidad de vida.

Me cuesta imaginar la vida sin todas esas invenciones.
Así que doy gracias.
Doy gracias al conocimiento humano.
Doy gracias por el compartir de ese conocimiento.


A ti

Sueño contigo,
me despierto,
aún todo está oscuro
y te pienso.

Te escribo con mi mente,
borro con mi mente,
imagino qué decirte,
sueño despierta,
y te sigo pensando.

Me doy media vuelta,
trato de conciliar el sueño,
pero no puedo,
te estoy pensando.

Te escribo con mi mente,
borro con mi mente,
pienso saber qué decirte,
sonrío, suspiro,
y te sigo pensando.

Casi amanece
y dormir no me dejas,
me levanto,
papel y lápiz cojo
y, finalmente,
te escribo,
con mis manos,

A ti.


Ella

Regreso a casa después de una mañana de trabajo.  En mi mente está la satisfacción de la mañana transcurrida y la lista de la compra para ese día. Casi estoy por llegar al supermercado más cercano a casa, cruzo el paso de cebra atontada con mis pensamientos, repasando nuevamente lo que tengo que comprar, y de repente, me encuentro con Ella.

Ella, es una señora de 83 años, no sé su nombre. No se lo pregunté. ¿Por qué? No lo sé. Ella estaba allí, un poco antes del paso de cebra, pero del otro lado de la calle, muy cerca del supermercado. Ella buscaba donde apoyarse con sus manos. A su lado había macetas de arbustos, pero eran muy bajas para Ella.

Yo que venía y Ella me encontró (la verdad es que creo que fui yo quien la encontró, a Ella). Con algunas señas me dijo que la ayudase un poco, al menos, a cruzar la calle (el paso de cebra). Sin duda le dije: -Claro ¡faltaría más!. Me di cuenta que llevaba dos bolsas de mercado y le dije: -Si quiere se las llevo. Ella me contestó sin titubear:  -Puedo llevarlas, lo único que necesito es cruzar la calle. Y cruzamos la calle lentamente, mientras me decía que teníamos que tener cuidado porque había gente gentil y otra que no lo era tanto. Yo la escuchaba con atención y disfrutaba de cruzar ese paso de cebra tan lentamente. Hubiese estado sola me hubiesen echado los coches encima. Pero allí estaba, junto a Ella, una estrella en pleno día.

Cruzamos la calle. Ella estaba exhausta, pero no se rendía. -¿Tienes prisa?, me preguntó. -No, para nada, le contesté, y agregué: -¿Vive cerca de acá? -Si, respondió Ella. -Entonces la acompaño, le dije sin titubear. En el camino, Ella decidió darme las bolsas y me preguntó si no me importaba llevarlas. Le contesté: no hay problema, ya se lo he ofrecido.

Caminamos juntas, Ella y yo, a paso lento y por un buen rato. Ella me contó cosas de su vida. Yo le conté cosas de la mía. Quizás no la vuelva a ver. Ha sido un placer encontrarla.

Gracias Ella.


Un día como hoy #1

Día de alegría y esperanza.
Día de cambios y transformaciones.
Día para reinventarse.
Día para renacer…

Buena Pascua 🐣


Huevos y conejitos se visten de fiesta

Recuerdo que cuando era una niña siempre llegaba una época del año en la que no había panadería, pastelería, abasto o supermercado en la que no me encontrase con conejitos y huevos de chocolate de todos los tamaños.

Me llamaban mucho la atención, pues me parecía que estas lindas figuritas tenían más chocolate del que estaba acostumbrada a ver en una sola pieza, en realidad, ¡tenían más chocolate del que yo podía imaginar comer!

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From www.1zoom.me

Pero allí estaban, los simpáticos conejitos de chocolate viéndome y pidiéndome que me los llevara a casa, mientras que los huevos de chocolate, no teniendo ojos, eran igual de tentadores. ¡Demasiado chocolate junto!

En casa, no teníamos la costumbre de decorar, pintar y esconder los huevos para luego buscarlos. Sí conocía compañeritos de escuela que lo hacían. ¡Y me parecía súper  divertido!

Recuerdo un día en casa de la abuela, que con mis tías empezamos a pintar huevos para celebrar la fiesta. No existía internet, así es que estábamos probando. Todas (niñas, mamás, tías y abuelas) dábamos ideas de cómo hacer para no perder el contenido del huevo (vital para comérnoslo), y de cómo dejar la cáscara casi intacta para luego decorarla.

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From http://tendenciasalaire.diariodelaltoaragon.es

Una de mis tías se encargó de romper con mucha precisión cada huevo en un extremo extrayendo su contenido que guardaba mi abuela en un pocillo para el revoltillo familiar o perico de la noche o el día siguiente.

Por supuesto, decorar y pintar después los huevos vacíos requería paciencia, prudencia, humildad, buen humor y pasión. Lo mismo que se necesitaba para esconderlos, buscarlos y encontrarlos.

Después de tantos años me he enterado que los huevos vestidos de fiesta están cocidos. Se decoran, pintan, se esconden y si los encuentras te los puedes comer. ¡Fácil y genial! ¿no?

Pero ¿qué tiene que ver el conejo con los huevos de Pascua? Pues existen muchos mitos, leyendas, pero la que más me gusta es la de Katja Henkel según la cual érase una vez un conejo enamorado de una gallina a la cual decide declalarle su amor después de armarse de mucho valor, pero el detalle es que al buscarla al gallinero solo encuentra un huevo, el cual, se lleva a casa, pinta y esconde en la hierba de modo que la gallina pudiese encontrarlo. Pero ella no regresa y desde entonces el conejo casi enloquecido a causa de las penas de amor pinta y esconde desesperadamente en todo el mundo los huevos que encuentran los niños.

Buena Pascua 🐣


Llorar con el alma

¿Te ha ocurrido llorar como si fuese la última vez que te lo pudieses permitir? ¿Esa sensación en la que no puedes controlar lo que sale de tus ojos, ni de tu nariz y ni siquiera los gemidos tenues y pausados de tu garganta porque hasta el aire te falta?.

Personalmente he experimentado esa sensación más de una vez y cuando he llegado a esa situación ha bastado un simple disparador. No ha habido un por qué preciso para ese llanto del alma, sino un cúmulo de porqués.

Y es que he llorado por mis pérdidas: porque algo ha cambiado, porque alguna situación ha llegado a su fin, porque ya no tengo aquello que tenía o creía tener, porque he tenido que dejar algo que apenas empezaba.

Lloro por los seres queridos que han partido. Lloro por mis pérdidas que quiero dejar atrás y continuar.

Bien dicen que llorar no es de débiles pues nacimos llorando para tomar aire, sacar lo que nos duele y seguir adelante.

Así que lloro, lloro con el alma y pienso en construir, en ir adelante.