Gestionar nuestros miedos nos hace más fuertes

Hace un par de meses atrás tomé un vuelo de 90 minutos. El simple hecho de pensar que tengo que volar me causa stress: la noche anterior casi no duermo, mi estómago parece tener vida propia y mis músculos parecen no tener ninguna intención de relajarse.

Ya sentada en el avión y antes del despegue pienso en todas aquellas cosas maravillosas que he vivido, en las personas que amo y en las cosas que aún no he hecho y que me gustaría hacer de tener la oportunidad de llegar a mi destino sana y salva; pensamientos que bastan para hacer que mi ansia se incremente, mi respiración casi se detenga y mis músculos casi se paralicen. Es decir, el miedo se apodera de mí.

El avión despega y con él todas mis plegarias a todos los santos que conozco, leo, medito, respiro hondo, inhalo y exhalo lentamente y, finalmente, me relajo. Una turbulencia me saca de mi estado de distensión y, nuevamente, el miedo me embarga.

Mi pulso se acelera, mi corazón late más fuerte, las manos me sudan, los malos pensamientos vuelven a mi mente, veo a mi alrededor y algunos conversan, otros ríen, otros leen, mientras que otros parecen dormir. En fin, me da la impresión que soy la única con tanto stress y entonces… me niego a que ese miedo se instale en mi cuerpo y me paralice, así que contemplo el cielo y el horizonte desde la ventanilla y me siento abrumada por la belleza de lo que veo.

Vuelo en un avión, tan solo uno de los numerosos y apreciados inventos de los últimos dos siglos que han enriquecido a la humanidad.  Me sorprende cómo la creatividad y la invención de los seres humanos han mejorado nuestra calidad de vida.

Los pensamientos positivos retornan a mi mente, mi respiración y pulso se regularizan. Inhalando y exhalando echo fuera los malos pensamientos, soy consciente de que no puedo controlar muchas cosas, pero sí mis miedos y mi mente. Me siento mejor, me siento fuerte, me siento libre y decido relajarme y disfrutar el viaje, el momento, el presente.

El aterrizaje es silencioso, preciso. Doy gracias a los santos por su compañía, doy gracias a los pilotos por su pericia, doy gracias a las azafatas por su sosiego, doy gracias por la capacidad creativa e inventiva humana que hacen posible el progreso técnico y mejoran nuestra calidad de vida, doy gracias por la belleza de todo lo que me rodea y existe.

En fin, doy gracias por otra oportunidad de hacer las cosas que todavía no he hecho y que me gustaría hacer. Y tú ¿temes volar?

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