Cena sin receta

Por lo general, no cocinamos para cenar, pero esta noche mientras conversábamos y hacíamos zapping llegamos a un canal donde estaban cocinando una pasta corta con una especie de ragú de salchichas estupendo. Todos mirábamos y guardábamos silencio porque teníamos la boca hecha agua. Simplemente se veía delicioso.

Termina el programa, y todos se voltean a verme. Sus ojos y sus sonrisas pícaras me decían que querían eso para cenar. Les he dicho «No hay problema, ahorita mismo hago algo similar de jugoso». Me pongo manos a la obra.

De la nevera saco un diente de ajo con la mitad de una cebolla, unas lonjas de bacon, hojas de salvia y parmesano.  Pongo el agua a hervir.

Meto el sartén a calentar con un poquito de aceite de oliva a fuego lento con el ajo y la cebolla hasta que se cristalicen, echo el bacon y también se cristaliza, cuelo el exceso de aceite y vuelvo a la cocción.

Saco de la alacena una lata de tomates enteros pelados y un poco de peperoncino seco.  Todo va al sartén maravilloso y el agua está por hervir.

El agua hierve y le echo su sal, solo falta la pasta. La busco y ¡Oh-oh! No tengo suficiente de cada una. Por la hora, ya no encontraré ningún negocio abierto (sí todavía la compro, no he intentado hacerla).

Me toca hacer un mix, punto crucial. Cualquier amante de la pasta me lo reprocharía. Lo sé, los tiempos de cocción de cada pasta son distintos, y a nosotros también nos encanta la pasta al dente.

Así que me arriesgué y metí en la olla hirviendo con sal lo que me quedaba de mezza manica (esa pasta en forma de tubo) y penette (plumitas), ambas con sus estrías en la superficie exterior que permiten mayor adherencia de las salsas.

pasta

From GonMaye

Resultado: un plato delicioso hecho en casa en compañía de tus seres queridos y que nos ha sorprendido a todos porque terminaron las plumitas dentro de los tubitos, un gran mix súper jugoso.

¡Buen provecho familia!

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Primavera y poesía

Este año 2017 el equinoccio de primavera o año sideral, ese momento del año en que las horas de luz y oscuridad son equivalentes, ocurrió el 20 de marzo a las 11:29 horas (GMT+1), es decir, un día antes de lo que estábamos habituados, un día antes a la acostumbrada celebración del Día Mundial de la Poesía.

Varios artículos circulan por la red explicando con más o menos detalles el porqué de este cambio y, al parecer, ha sido la existencia de los años bisiestos cada cuatro años en el calendario gregoriano la que ha provocado que este año el inicio de la primavera no haya coincidido con el día proclamado por la Unesco para consagrar el arte de la poesía. Es más, quizás deban pasar varias décadas para que ambos eventos vuelvan a concurrir.

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From https://pixabay.com

Lo genial es que por fortuna para escribir, leer, vivir y valorar la poesía no se requiere de un tiempo o instante preciso. Una cuestión que también ocurre con la primavera.

Y es que, apenas hace cuatro días que fue declarada oficialmente el inicio de la primavera, pero hace un par de semanas ya olía a ella. La luz del sol y el canto de los pájaros venían haciéndose sentir desde muy temprano en la mañana. Bastaba una pequeña caminata al aire libre para ver cómo los cerezos florecían elegantemente y las margaritas brotaban en el prado. Se comenzaba a ver colores por doquier mientras que el perfume de las flores, hierbas, plantas y de la propia tierra se colaban por el olfato. El sol invernal se estaba haciendo cada vez más cálido y brillante, invitando a sanas actividades al aire libre.

¡Cuán maravillosa es la naturaleza, cuán abundante y energética es! Y ¡cuán desconcertante puede llegar a ser!

Es primavera, afuera hacen 10 ºC y llueve. El sol estos días no se ha dejado ver. Me asomo a la ventana y pienso que el invierno no quiere dejarnos, tal vez se esté dando cuenta que su tiempo pasó…

¡Bienvenida sea la primavera!


Nuestra lonchera del kínder y el Kyaraben

En estos días un amigo me comentaba que había visto un video en la tele sobre un grupo de mamás japonesas que preparaban unas loncheras geniales y divertidas para sus niños en kínder.

¿Qué tienen de genial?, pues que estas mamás logran darles a los alimentos forma de personajes del manga o dibujos animados más populares, así como de animales, flores, paisajes, monumentos, etc., y después de tanto mimo, también se esmeran en colocar todas las piezas con mucho orden dentro de un recipiente o tupper, mejor conocido en Japón como bento box[i].  O sea, que cuando los niñitos abren sus loncheras se encuentran no solo con una obra de arte sino también con su comida del día.

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From: https://cookwithkathy.wordpress.com

Mi amigo con mucho entusiasmo me dijo que le hubiese encantado de niño haber abierto su lonchera y haberse encontrado con semejante sorpresa. Por lo que enseguida su comentario despertó mi curiosidad por ver el video en cuestión, lo cual hice, pero no sin antes hacer un viaje con él a nuestra infancia.

Y viajamos a las loncheras de aquellos tiempos. Las mías de plásticos, las de él de metal. Recordamos que a veces cerraban bien, pero que otras veces (por no decir siempre) no. Recordamos que a veces venían acompañadas de un termo donde nos metían el jugo o el zumo, pero que no importando cuan fuerte lo cerraras, siempre terminaba por mojarte el pan.

Reímos mucho de nuestras loncheras, de nuestro pan empapado, del jugo que ya sabía mal a mitad de jornada, del biberón y el chupón. Recordamos nuestras loncheras y nuestras madres ¡cuánto trabajo ya tenían con nosotros y eso que no conocían el charaben!

Porque sí, el charaben o kyaraben es todo un arte, y como todo arte requiere horas de trabajo, paciencia y pasión. De eso sabe Tomomi Maruo, una “charabentist” o “food artist” quien, en su video que puedes ver aquí, confiesa que tarda al menos una hora en diseñar un charaben, pues es un trabajo lleno de pequeños detalles. Ella da cursos tutoriales a mamás y les enseña, por ejemplo, cómo cortar las hojas de algas, cómo hacer formas utilizando el papel film o cómo usar la mayonesa como pegamento de los diversos y pequeños fragmentos de comida del personaje o diseño a crear. Sus creaciones son hermosas, pero como bien aclara lo importante no es solo que luzcan bien, sino también que sepan bien, pues de lo contrario nada tendría sentido.

chara-bento

From: http://piensaenchic.com

Cierto, es un estilo bastante arraigado en Japón, porque en la mayoría de los jardines de infancia los niños deben llevar su comida. Así que las mamás se levantan muy tempranito para prepararles sus chara-bentos, mientras que los peques supongo que no hacen más que soñar con la hora de la comida para ver su sorpresita del día. ¡Qué emoción!

Ya entiendo el entusiasmo de mi amigo. Por fortuna, no hay límites a la imaginación. Así que voy a ver si aprendo hacer algún chara-bento para regalárselo al niño que vive en mi amigo ¿y por qué no?, regalárselo a la niña que vive en mí.

[i] Si te interesan algunas recetas charaben puedes obtenarlas aquí . Para conocer más sobre la historia del bento visita http://www.nihonjapangiappone.com/pages/cucina/bento.php. Algunos tips sobre cómo preparar una bento en http://es.wikihow.com/hacer-un-bento. Otros accesorios para preparar una bento y practicar el estilo charaben en http://www.modes4u.com/es/cute/c259_Accesorios-bento.html/page/all


Cuando leer es una medicina

Hace unos días leí un artículo sobre la “biblioterapia”, una técnica auxiliar en la psicoterapia y en los grupos de auto-ayuda, cuyos efectos positivos han sido demostrados.

Supe que el término fue acuñado por S. Crothers en 1916, pero lo que más llamó mi atención ha sido la idea de que la literatura pueda ser una medicina para el alma. Es más, al parecer es una medicina tan antigua como el ser humano.

De lo que se trata es de escoger aquella literatura susceptible de crear una especial resonancia en nosotros, quizás una conexión con el problema que estamos viviendo.

Y es que la lectura tiende a mejorar nuestro grado de comprensión no solo de nosotros mismos sino también de los demás (reales o virtuales): como afirma Keith Oatley, escritor y psicólogo “sumergirse en los mundos imaginarios de la narrativa refuerza la empatía y mejora la capacidad de asumir un punto de vista diferente al nuestro”[1].

Quizás por eso es que leyendo reímos o lloramos, nos angustiamos o relajamos, vivimos aventuras e historias de vida y destinos sorprendentes. La verdad es que siento que la lectura nos hace personas más ingeniosas, pone en marcha nuestro cerebro, reduce nuestro estrés, promueve nuestras competencias sociales y mejora nuestra escritura. Pienso que la lectura puede cambiarnos, puede modificar nuestro modo de ver y entender el mundo, de allí la importancia de saber escoger lo que leemos.

Cierto, a menudo nuestras jornadas están llenas de un montón de compromisos y cosas por hacer, con lo cual no tenemos el tiempo que quisiéramos para leer: estamos ocupados, cansados y estresados. A veces leemos a trozos, pero sin estar verdaderamente concentrados. Así que les dejo unos consejos que leí, a ver cómo nos va:

-Tomémonos el tiempo. ¿por qué no señalar en nuestra agenda una hora dedicada a la lectura?

-Acerquémonos a nuestro libro preferido sin prisas y relajémonos, y ¿por qué no?, combinémoslo con un pequeño aperitivo.

-Apaguemos el celular, el portátil y la tele.

-Leamos con consciencia, reflexionemos sobre lo que hemos leído y apuntémonos las frases más bellas.

En fin, si bien estamos distraídos por una cantidad incesante de estímulos diversos, aprovechemos nuestras capacidades para comprender que la literatura, la lectura, poseen un indispensable valor educativo, formativo y también curativo.

Leer, entender y escribir, cura.

[1] Dal Farra, M. (2017, Febrero 24). “La cura pre-scritta”. Ticino 7, 8, p. 9.


Gestionar nuestros miedos nos hace más fuertes

Hace un par de meses atrás tomé un vuelo de 90 minutos. El simple hecho de pensar que tengo que volar me causa stress: la noche anterior casi no duermo, mi estómago parece tener vida propia y mis músculos parecen no tener ninguna intención de relajarse.

Ya sentada en el avión y antes del despegue pienso en todas aquellas cosas maravillosas que he vivido, en las personas que amo y en las cosas que aún no he hecho y que me gustaría hacer de tener la oportunidad de llegar a mi destino sana y salva; pensamientos que bastan para hacer que mi ansia se incremente, mi respiración casi se detenga y mis músculos casi se paralicen. Es decir, el miedo se apodera de mí.

El avión despega y con él todas mis plegarias a todos los santos que conozco, leo, medito, respiro hondo, inhalo y exhalo lentamente y, finalmente, me relajo. Una turbulencia me saca de mi estado de distensión y, nuevamente, el miedo me embarga.

Mi pulso se acelera, mi corazón late más fuerte, las manos me sudan, los malos pensamientos vuelven a mi mente, veo a mi alrededor y algunos conversan, otros ríen, otros leen, mientras que otros parecen dormir. En fin, me da la impresión que soy la única con tanto stress y entonces… me niego a que ese miedo se instale en mi cuerpo y me paralice, así que contemplo el cielo y el horizonte desde la ventanilla y me siento abrumada por la belleza de lo que veo.

Vuelo en un avión, tan solo uno de los numerosos y apreciados inventos de los últimos dos siglos que han enriquecido a la humanidad.  Me sorprende cómo la creatividad y la invención de los seres humanos han mejorado nuestra calidad de vida.

Los pensamientos positivos retornan a mi mente, mi respiración y pulso se regularizan. Inhalando y exhalando echo fuera los malos pensamientos, soy consciente de que no puedo controlar muchas cosas, pero sí mis miedos y mi mente. Me siento mejor, me siento fuerte, me siento libre y decido relajarme y disfrutar el viaje, el momento, el presente.

El aterrizaje es silencioso, preciso. Doy gracias a los santos por su compañía, doy gracias a los pilotos por su pericia, doy gracias a las azafatas por su sosiego, doy gracias por la capacidad creativa e inventiva humana que hacen posible el progreso técnico y mejoran nuestra calidad de vida, doy gracias por la belleza de todo lo que me rodea y existe.

En fin, doy gracias por otra oportunidad de hacer las cosas que todavía no he hecho y que me gustaría hacer. Y tú ¿temes volar?